• La ansiedad, esa emoción necesaria que se genera como reacción defensiva ante una amenaza, cuya función primordial es imaginarnos el peor escenario posible para poder -en el hipotético caso que suceda- preverlo, evitarlo, huir o enmendarlo es (como todas las emociones) en un principio útil. Pero la ansiedad pierde su razón de ser cuando resuelta esa la situación que nos preocupa, ella no se disipa, sigue ahí.

    Y se mantiene, ya que está estrechamente relacionada con nuestra intolerancia a la incertidumbre y con nuestra necesidad de seguridad. Con la incapacidad de aceptar la falta de control sobre lo que nos sucede y con la especulación acelerada y tremendista de lo que puede pasar. Podríamos entonces categorizar la ansiedad como "exceso de futuro". Somos una sociedad enferma de exceso de futuro.

    Pero lo cierto es que sufrimos más por lo que nos contamos sobre lo que nos sucede o nos puede suceder, que por lo que realmente acaba aconteciendo. Cuando mezclamos la realidad y lo que pensamos acerca de la realidad, sufrimos como

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  • Una cosa es el placer y otra cosa es la motivación para buscarlo. 

    En su libro, Deseo y PlacerIgnacio Morgano, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la UAB, ahonda en los entresijos de ambos términos. 
     
    La activación de la archiconocida ya, dopamina genera la motivación, las ganas de buscar el placer. La segregación de este neurotransmisor no produce placer en sí, sino que solo impulsa su búsqueda. Dispara las ganas de buscar el placer, pero no genera placer. 
     
    El placer -la obtención final de ese deseo- en cambio, depende más de encefalinas, de endorfinas y de otros tipos de moléculas que son muy ubicuas en todo el cerebro. 
     
    Y hay dos cosas fundamentales sobre esta relación. 
     
    La primera es que nuestro
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  • Antonio Damasio, uno de los más destacados neurocientíficos de nuestra era, que ha pasado gran parte de su carrera investigando el mundo de los afectos, obsesionado por "qué y cómo nos emocionamos, sentimos y utilizamos los sentimientos para construir nuestro yo", plantea, y defiende - entre muchas otras cosas- en el bellísimo y necesario, "El extraño orden de las cosas" algo que me parece de una relevancia abismal.

    Damasio propone que "las respuestas culturales habrían sido creadas para empezar, por seres humanos decididos a cambiar su situación vital, o mejor, para que fuera más confortable, más agradable o más propicia. Sufrir y prosperar, los dos externos de ese espectro habrían sido los principales factores de motivación de la la inteligencia creativa que indujo a las culturas".

    Entonces, "la confrontación con el dolor y el sufrimiento y la certeza de la muerte, en contraste con la posibilidad

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  • De esta entrevista al filósofo John Sellars, no me quedo con todo, pero sí con mucho.

    En su recién publicado Lecciones de Estoicismo, Sellars invita a los grandes estoicos a cenar y nos acerca a las lecciones fundamentales y fundacionales de los maestros del estoicismo. Sentando a la mesa desde a Séneca a Marco Aurelio hasta Epicteto para recordarnos que "si aprendes a ser el dueño de tus pensamientos, también serás señor de tu destino." Resumiéndolo en una frase: “El mundo es como lo piensas",nuestra experiencia del mundo está determinada, por el modo en que lo pensamos.

    Entre todas, yo rescato el concepto de ataraxia: la sabia asunción de lo inevitable tras la prudente acción en lo posible. La lección más importante de todas... La humildad de

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  • Siento, por lo que pienso. No al revés.

    La emoción está absolutamente vinculada a tu subjetiva, reduccionista y, a la vez, burda interpretación de la realidad. Dependiendo de lo que "lees" que pasa, acabas sintiéndote.

    Cómo pensamos, bajo qué lentes vemos la vida y cuál es la historia que nos contamos es lo que fundamenta cómo nos vamos a sentir. No es que la realidad sea lo de menos, pero casi. Tu felicidad va a depender de cómo interpretes esa realidad, no de la realidad en sí misma. Si quieres alcanzar esa serenidad que tanto anhelamos, hay que aprender a pensar, bien.

    Tal y como dice Ferran Salmurri cuando nos sentimos mal, "En lugar de mirar a tu alrededor en busca de quién o qué es lo que te hace sentirte mal, mira lo que ocurre en tu cabeza: qué percepción debes cambiar". Simplificando: ¿Qué milonga te estás contando? Y ¿De qué te sirve?

    Eso no quita, que también hay que aprender a pensar bien de uno y hacia uno. Cuestionar la identidad narrativa que te has ido formulando hasta llegar a creértela y ponerla en

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  • Enjuiciando al "mal tiempo buena cara" como sistema vital. Así empieza la entrevista a la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel Gonzalez. No nos equivoquemos, disimular las emociones no es gestionarlas. Y a su vez, gestionar no conlleva poder decidir que es lo que tenemos y no tenemos que sentir.: "A las emociones la dictadura de nuestro pensamiento no les ayuda en nada".

    Y sigue con la máxima: Cambiar es de lo más difícil que hay. Parece ser que "le tenemos mucho cariño a nuestra forma de ser aunque sea el mayor de nuestros problemas". Precisamente por eso cambiar asusta, porque es la única seguridad que tenemos.

    Pero que no cunda el pánico, no es imposible. Pero cambiar requiere tiempo. En su libro, Lo bueno de tener un mal día, lo explica

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  • Aquí un intento de desgranar los puntos fundamentales del artículo de Martin E. P. Seligman y John Tierney publicado en el New York Timesen Mayo del 2017.

    Filtramos información almacenada en nuestra memoria, para poder generar predicciones y ser capaces de proyectar futuras posibilidades. Ese es el propósito fundamental de la memoria: optimizar nuestra capacidad de enfrentarnos al presente y al futuro a través del análisis de lo acontecido en el pasado

    Podríamos decir así, que las emociones responden a nuestra capacidad cerebral de elaborar respuestas inmediatas, basándose en un análisis de lo sucedido, el objetivo principal de las cuales es guiar el comportamiento y el juicio futuros.

  • De esta maravillosa entrevista a Mara Dierssen, una de las nutriólogas españolas más reconocidas internacionalmente, no me interesa tanto el proceso de la memoria -que también- sino la del olvido.

    ¿Por qué olvidamos? O quizás, lo que aún me parece más curioso, ¿por qué no olvidamos?

    Muchos de nosotros tenemos como película de culto Olvídate de mí(Eternal Sunshine of the Spotless Mind) protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet dónde se nos presenta la atractiva y peligrosa idea de borrar recuerdos dolorosos. Tentadora opción.

    Pero aunque varios de los últimos estudios neurocientíficos sugieren que nuestro cerebro está construido para que olvidemos "ya que el exceso de información puede ser tan dañino como la escasez de información, generando dificultades tanto en la comprensión como en la toma decisiones", no

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