• ¿Podemos cambiar?

    El ser humano está biológicamente programado para el cambio, y gracias a nuestra adaptación al cambio hemos evolucionado como especie, pero a su vez, somos altamente resistentes al cambio.

    ¿Por qué ?

    Primero, por qué nuestro sistema cerebral se basa en dos premisas básicas: la economía energética y la supervivencia.

    Cambiar un patrón automatizado, reactivo y de respuesta veloz por otro nuevo conlleva un alto consumo energético. Es un proceso lento y nuestro cerebro se resiste a ese derroche de energía. Aunque el cambio sea para nuestro bien, la función de nuestro cerebro es mantenernos con vida, no hacernos felices.

    Además, cambiar nos aterra ya que pensamos que implica poner en cuestión nuestra identidad. Y si cambio, ¿Qué seré? ¿Quién seré?

    Para que nuestro cerebro nos conceda el derroche energético que implica cambiar, hay que estimularlo, y sólo la motivación de un nuevo escenario posible y mejor para nosotros puede ejercer esta función.

    Y la cuestión de la identidad, en su libro ...

    • Mi forma de verlo:

      El ser humano está biológicamente programado para el cambio, y gracias a nuestra adaptación al cambio hemos evolucionado como especie, pero a su vez, somos altamente resistentes al cambio.

      ¿Por qué ?

      Primero, por qué nuestro sistema cerebral se basa en dos premisas básicas: la economía energética y la supervivencia.

      Cambiar un patrón automatizado, reactivo y de respuesta veloz por otro nuevo conlleva un alto consumo energético. Es un proceso lento y nuestro cerebro se resiste a ese derroche de energía. Aunque el cambio sea para nuestro bien, la función de nuestro cerebro es mantenernos con vida, no hacernos felices.

      Además, cambiar nos aterra ya que pensamos que implica poner en cuestión nuestra identidad. Y si cambio, ¿Qué seré? ¿Quién seré?

      Para que nuestro cerebro nos conceda el derroche energético que implica cambiar, hay que estimularlo, y sólo la motivación de un nuevo escenario posible y mejor para nosotros puede ejercer esta función.

      Y la cuestión de la identidad, en su libro Identidad y cambio, los psicoanalistas León y Rebeca Grinberg proponen que "la identidad es, precisamente, la capacidad de sentirse uno mismo en la sucesión de cambios a los que nos confronta la vida."

      David Dorenbaum, psicólogo y profesor del departamento de psiquiatría de la Universidad de Toronto, te lo explica llanamente aquí.

    • Recopilación:

      Buscamos los cambios, pero también les tenemos pavor. Entonces, ¿es posible cambiar? Aunque a algunos les cuesta hasta estrenar zapatos nuevos, la vida se mueve sutilmente entre la estabilidad y la mutación.

      Los tiempos de cambio evocan preguntas sobre el cambio. Valoramos el cambio, lo deseamos y le tenemos pavor. Estos días, Proteo, el dios de la mitología griega —del cual deriva el adjetivo proteo, que implica la habilidad de cambiar de forma a voluntad—, anda suelto entre nosotros bajo la configuración de un virus altamente mutable. “Se vuelve mucho más estable con la mutación”, dice la doctora Hyeryun Choe, viróloga del Departamento de Inmunología y Microbiología del Instituto Scripps en Florida. Las tragedias griegas siempre terminan con la muerte, pero para los griegos no representaban una catástrofe, sino una manera de ver las cosas, una forma de introspección y de recordarnos que no somos dioses ni somos omnipotentes. Que vivimos en constante cambio y que somos mortales.

      Para muchos de nosotros hasta cambiar de zapatos resulta difícil. Sin embargo, cada día, millones de personas se configuran distintas identidades digitales o avatares para conectarse con otros o para participar en juegos virtuales. De hecho, la mutabilidad en entornos en línea es fundamental para mantener una identidad digital. Por otro lado, la capacidad de transformarse radicalmente ha sido considerada en mitos y leyendas altamente peligrosa; el hombre lobo, los vampiros o la ninfa Dafne, que para escabullirse de Apolo se metamorfoseó en un laurel, son algunos ejemplos. A pesar de que las transformaciones extremas pueden ser costosas —como la cirugía estética— o difíciles de ejecutar —como la de reasignación de sexo—, en ninguna de ellas el cambio es tan insondable como lo es el cambio psíquico.

      ¿Por qué se busca el cambio? ¿Cómo se causa el cambio? Una característica fundamental de la mente humana es su capacidad de cambio. Si bien el derecho a cambiar y ser autores de nuestras propias vidas es una fuente de libertad y autonomía, entonces ¿por qué nos resistimos al cambio? ¿Por qué se aferra uno a la repetición de lo que es hasta doloroso, incluso cuando parece haber motivación para cambiar y, de hecho, se ha dado el paso de buscar ayuda? Una de las razones principales es que como adultos repetimos inconscientemente —sobre todo en la esfera emocional— todas las lógicas presentes en nuestra mente de cuando éramos niños. Sigmund Freud observó que un niño que tiene una experiencia desagradable tiende a representarla y repetirla compulsivamente en su juego, llamó a este fenómeno la compulsión a la repeticióny lo identificó como uno de los principios fundamentales de su teoría del psicoanálisis.

      Cuando una situación actual induce sentimientos de impotencia o soledad, activa inconscientemente en nosotros los mecanismos que se utilizaron en la infancia y provoca la compulsión a la repetición. Estos patrones se registran en el inconsciente y se repiten a lo largo de la vida. Son formas de comportamiento irresistibles, experiencias desagradables que vivimos como niños que se escapan de nuestro control consciente. Como resultado de su acción, uno se coloca deliberadamente en situaciones angustiosas, repitiendo así una vieja experiencia. Pero no lo asocia con el incidente remoto de la infancia; por el contrario, uno tiene la impresión de que la situación está completamente determinada por las circunstancias del momento.

      Estas experiencias inconscientes que no han sido descodificadas —porque de niños no teníamos la capacidad para contextualizarlas—, inevitablemente se repiten, como fantasmas que retornan, dice Freud. La dificultad para cambiar no es simplemente un obstáculo a superarse por medio de consejos de cómo modificar la conducta. Con la ayuda adecuada, la repetición se va gradualmente modificando al hacerse uno consciente del mecanismo que la activa, nuevos patrones de conducta se van incorporando y el dinamismo de la mente para transformarse facilita la posibilidad de cambio. Una mente plástica encuentra el equilibrio entre la capacidad de cambio y la aptitud para permanecer igual.

      Si bien es cierto que los rasgos de nuestra personalidad se perciben como relativamente estables, esto no quiere decir que sean inmutables. A pesar de que no es común que una persona enojada se vuelva paciente, ni que alguien pretensioso se vuelva humilde, es innegable que las personas cambian. En un estudio en el que se plantea la pregunta de ¿cuánto cambia la personalidad o se mantiene estable desde la escuela secundaria hasta la jubilación?, la doctora Rodica Damian de la Universidad de Houston y un grupo de colaboradores evaluaron a 1.795 personas en la adolescencia y 50 años después. Sus hallazgos concuerdan con que la personalidad tiene un componente estable a lo largo de la vida, pero que también es maleable. La continuidad y el cambio coexisten. Las personas que son más responsables a los 16 años, lo continúan siendo a los 66. Pero, en promedio, todos se vuelven más responsables, más estables emocionalmente y más abiertos a experiencias nuevas. Este estudio es el primero que se basa en la misma fuente de datos en ambos puntos temporales.

      ¿Cómo es posible al mismo tiempo ser uno mismo y cambiar? En su libro Identidad y cambio, los psicoanalistas León y Rebeca Grinberg proponen que la identidad es, precisamente, la capacidad de sentirse uno mismo en la sucesión de cambios a los que nos confronta la vida. El cambio implica aceptar lo desconocido, lo impredecible, y viene al encuentro una idea del poeta José Enrique Rodó (Motivos de Proteo): reformarse es vivir. —eps

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  • ¿Por qué sabemos que no es así? (I)

    Extraordinario artículo de Enrique Campos publicado en el JotDown, no solo por la sublime manera que él tiene de narrar, que también, sino principalmente por la relevancia de lo descrito en su prosa ácida y punzante.

    Una manera cercana y a la vez, muy precisa de desentrañar cómo nuestro cerebro construye la realidad (para cada uno, la suya) y cómo no podemos evitar justificarnos alegando nuestra lógica particular. Aquí, como siempre, unas pinceladas para ir abriendo boca. Hay parte II, estén atentos.

    • Mi forma de verlo:

      Extraordinario artículo de Enrique Campos publicado en el JotDown, no solo por la sublime manera que él tiene de narrar, que también, sino principalmente por la relevancia de lo descrito en su prosa ácida y punzante.

      Una manera cercana y a la vez, muy precisa de desentrañar cómo nuestro cerebro construye la realidad (para cada uno, la suya) y cómo no podemos evitar justificarnos alegando nuestra lógica particular. Aquí, como siempre, unas pinceladas para ir abriendo boca. Hay parte II, estén atentos.

    • Recopilación:

      Significa que nuestro cerebro es una máquina de generar patrones y secuencias. Estamos predispuestos a ver orden y sentido en el mundo que nos rodea, y todo aquello que nos cuesta entender, el caos, lo que no parece tener sentido, nos produce desasosiego y frustración. Como consecuencia de esta compulsión por clasificar y etiquetar tendemos a ver orden donde no lo hay, detectamos patrones a los que otorgamos un significado o una explicación donde sólo están operando los dados con los que Dios practica en su casino.

      Pero esta tendencia no es ni mucho menos una falla en nuestra cognición. De hecho, detectar patrones es precisamente lo que nos permitió bajar del árbol para llegar a ver en YouTube vídeos de discípulos de Jackass. Esa capacidad era básica para nuestros ancestros, a falta de registro alguno o de cualquier otro sistema de análisis. El problema es que el cerebro humano continúa buscando (y encontrando) patrones ahora como hace medio millón de años, y ahora, a diferencia de hace medio millón de años, ni necesitamos ordenar con urgencia lo que nos rodea —en general todo está ya bastante ordenado y clasificado— ni carecemos, como el humano primitivo, de herramientas o estrategias analíticas. Confiamos demasiado en nuestro cerebro, como si aún tuviéramos que decidir, en cuestión de minutos, por dónde escapó la gacela.

      Somos expertos en patrones y, sobre todo, somos expertos en explicarnos a nosotros mismos el porqué de esos patrones. En cuanto sospechamos que se está produciendo un fenómeno equis no nos cuesta demasiado dar con argumentos que lo sostengan.

      Por lo que parece, vivir consiste en explicar y justificar para dar coherencia a lo que creemos que es coherente (o dar incoherencia a lo que creemos que es incoherente). Todos somos maestros de la explicación y la justificación;

      La necesidad de confirmación:

      Somos perezosos. En general, nos gusta que nos señalen la línea de puntos que tenemos que unir con el lápiz. Pensar y razonar es un ejercicio a veces más agotador que la zumba, por lo tanto es del todo comprensible buscar la salida más fácil, o más obvia. Teniendo en cuenta, además, como expone Gilovich, que la mayoría de creencias que llevamos en la mochila se basan en la relación entre dos variables —Dios existe o no existe, perder o ganar, la homeopatía funciona o no funciona—, ambos factores, el binario y la vagancia —y, como veremos más adelante, «querer creer»—, nos conducen a menudo a extraer conclusiones equivocadas a partir de escenarios o explicaciones que nos privan de buena parte de la información necesaria.

      En lo tocante a las creencias erróneas, lo que la búsqueda incansable de confirmación, en detrimento de la búsqueda de refutación, hace con nosotros es conducirnos a detectar relaciones o correlaciones que en realidad no se están dando o se están dando solo en parte.

      Con un buen cóctel de pequeños indicios, no importa los vagos que sean, y algo de voluntad por creer, adaptaremos casi cualquier fenómeno a nuestra lógica personal. Y tendrá todo el sentido.

      Si hemos creído en algo durante toda nuestra vida y durante toda nuestra vida nos hemos encargado de hacer acopio de argumentos que sostengan esas creencias lo lógico es que adoptemos una postura de total escepticismo ante observaciones o datos que cuestionen esas creencias y que aceptemos sin demasiados miramientos supuestas evidencias que las apoyen. En defensa de esas ideas veremos siempre lo que esperamos ver, o lo que queremos ver, y descartaremos lo que no queremos saber.

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  • El Design Thinking necesita pensar más a lo grande

    No os dejéis llevar por el provocador título. Sin intención alguna de menospreciar la valua y la gran relevancia del Design Thinking como metodología de trabajo en procesos de creación, en este artículo, Steve Vallo pretende simplemente reinvindicar la importancia de las estructuras sistémicas, posicionando así el método de organización como prioritario, ya que el sistema es el que finalmente interconecta las partes que son siempre dependientes de la conexión que se establece entre ellas. Aquí, unos apuntes de lo más destacado. 

    • Mi forma de verlo:

      No os dejéis llevar por el provocador título. Sin intención alguna de menospreciar la valua y la gran relevancia del Design Thinking como metodología de trabajo en procesos de creación, en este artículo, Steve Vallo pretende simplemente reinvindicar la importancia de las estructuras sistémicas, posicionando así el método de organización como prioritario, ya que el sistema es el que finalmente interconecta las partes que son siempre dependientes de la conexión que se establece entre ellas. Aquí, unos apuntes de lo más destacado. 

    • Recopilación:

      El pensamiento de diseño (design thinking), tal como fue concebido hace 15 años, ha dado de sí todo lo que podía. Ha llegado la hora del pensamiento sistémico.

      El ejemplo del iceberg nos sirve para explicar los aspectos que determinan el pensamiento sistémico. Los acontecimientos tienen lugar en la parte superior del iceberg y son las incidencias con las que nos enfrentamos a diario, el ajetreo cotidiano. Los patrones son los hábitos acumulados o “recuerdos” de conducta resultantes de nuestra reacción reiterada y precipitada a los acontecimientos. Las estructuras sistémicas son la manera como se organizan los distintos componentes del sistema. Los modelos mentales son los supuestos que tenemos acerca de cómo funciona el mundo y que dan lugar a las estructuras sistémicas. Los valores son la visión que tenemos de nuestro futuro –es decir, aquello a lo que aspiramos– y conforman la base de nuestros modelos mentales.

      En general, vivimos en el nivel de los acontecimientos, ya que es más fácil darnos cuenta de ellos que distinguir patrones ocultos o estructuras sistémicas. Aunque sean estos sistemas subyacentes los que realmente impulsan los acontecimientos de los que somos cautivos, es en la punta del iceberg donde ponemos toda nuestra energía y atención y, como le sucedió al Titanic, es ahí donde nos encallamos porque no vemos la verdad del problema, las variables y los influjos que yacen bajo la superficie. Actuamos sin entender la repercusión de nuestras acciones sobre el sistema y, por consiguiente, empeoramos la situación.

      El primer concepto clave en el pensamiento sistémico es la emergencia. Lo que hace que un sistema sea precisamente un sistema y no un simple conjunto de partes es la interconexión de sus componentes y su mutua dependencia. Esta interconexión genera bucles de retroalimentación que modifican –y, de hecho, definen– el comportamiento del sistema.

      Entonces, afloran propiedades emergentes que solamente existen en el sistema como totalidad y no en sus distintos componentes, e impiden comprender el sistema si no observamos el conjunto.

      La búsqueda de puntos de apoyo (leverage points) es el segundo concepto clave del pensamiento sistémico. A menudo, antes que intentar diseñar una solución perfecta y completamente nueva, es mejor encontrar áreas donde un cambio gradual nos conduzca a una remodelación significativa del sistema. Un pequeño empujón puede provocar el mayor de los efectos.

      Concéntrate en las relaciones y no en las partes; reconoce que los sistemas son autoorganizados y presentan conductas emergentes; analiza la naturaleza dinámica de los sistemas para comprender e influir en el ecosistema social, tecnológico y económico en el que tú y tu organización actuáis.

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  • El poderoso y sabio inconsciente

    Eduard Punset, (1936-2019), con su carismática personalidad y su curiosidad insaciable, fue capaz de despertar en muchos que, a priori, no hubieran estado interesados, esa necesidad de saber por qué somos como somos. Según decía, “había que explicar a la gente ciencia que le interesara, que les explicara cómo eran por dentro, qué les pasaba, por qué eran como eran. Ciencia popular”. El programa Redes (1996) lo hizo posible divulgando la ciencia en una época en que no había apenas nada de ciencia en la televisión, llegando a muchos y calando en la mayoría.

    De todos, éste es uno de los episodios que más destaco. Desbancando al estigmatizado inconsciente Freudiano, ahondamos en el poder y la sabiduría del nuevo inconsciente, con la humildad de reconocer, que no somos seres racionales, al menos, no tanto como creíamos. Pasen y vean.

    • Mi forma de verlo:

      Eduard Punset, (1936-2019), con su carismática personalidad y su curiosidad insaciable, fue capaz de despertar en muchos que, a priori, no hubieran estado interesados, esa necesidad de saber por qué somos como somos. Según decía, “había que explicar a la gente ciencia que le interesara, que les explicara cómo eran por dentro, qué les pasaba, por qué eran como eran. Ciencia popular”. El programa Redes (1996) lo hizo posible divulgando la ciencia en una época en que no había apenas nada de ciencia en la televisión, llegando a muchos y calando en la mayoría.

      De todos, éste es uno de los episodios que más destaco. Desbancando al estigmatizado inconsciente Freudiano, ahondamos en el poder y la sabiduría del nuevo inconsciente, con la humildad de reconocer, que no somos seres racionales, al menos, no tanto como creíamos. Pasen y vean.

    • Recopilación:

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  • La realidad es una construcción.

    A estas alturas del partido, siento ser la portadora de tal noticia, pero ya iba siendo hora de poner las cartas sobre la mesa: La realidad no existe.
    Lo que tú consideras realidad, es tu realidad, y solo tuya. Lo que viene tratando de explicarnos el constructivismo radical (Paul Watzlawick, La realidad inventada, 1981). 

    Aunque ya lo decía Kant: "La realidad no se encuentra fuera de quien la observa, sino que en cierto modo es construida por su aparato cognitivo".

    Vemos lo que queremos ver, o lo que podemos. Nuestra percepción es selectiva y por tanto nuestra realidad también lo es. Vemos a partir de quiénes somos, de nuestro contexto y del cúmulo de experiencias que

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    • Mi forma de verlo:

      A estas alturas del partido, siento ser la portadora de tal noticia, pero ya iba siendo hora de poner las cartas sobre la mesa: La realidad no existe.
      Lo que tú consideras realidad, es tu realidad, y solo tuya. Lo que viene tratando de explicarnos el constructivismo radical (Paul Watzlawick, La realidad inventada, 1981). 

      Aunque ya lo decía Kant: "La realidad no se encuentra fuera de quien la observa, sino que en cierto modo es construida por su aparato cognitivo".

      Vemos lo que queremos ver, o lo que podemos. Nuestra percepción es selectiva y por tanto nuestra realidad también lo es. Vemos a partir de quiénes somos, de nuestro contexto y del cúmulo de experiencias que nos han ido aconteciendo. No amigo, no habitamos el mismo universo mental, sino cada uno el suyo.

      Venimos al mundo sin manual de instrucciones, así que, que para habitarlo y navegarlo necesitamos construir modelos organizadores del pensamiento para poder interpretarlo, modelos que aportan sentido a nuestra (propia y particular) visión de la experiencia perceptiva, pero ni son certeros, ni son exactos ni son universales: "Elegimos solo unos datos de lo que percibimos, lo organizamos, extraemos conclusiones y lo llamamos realidad".

      Nuestra realidad, es una hipótesis, más o menos bien formulada. Es una construcción de cada uno.

      Si no te acaba de convencer, sigue leyendo la entrevista a Montserrat Moreno, doctora en Psicología, investigadora del desarrollo cognitivo y emocional, que acaba de publicar junto a Genoveva Sastre, Por qué vemos dinosaurios en las nubes, quizás te explique mejor que yo que las verdades absolutas no existen.
    • Recopilación:

      Universos mentales

      Montserrat Moreno y Genoveva Sastre llevan 40 años investigando sobre cómo pensamos y exponen sus conclusiones en un ensayo divulgativo, Por qué vemos dinosaurios en las nubes (Gedisa). “Es importantísimo entender que lo que llamamos realidad no está fuera sino dentro de nuestro pensamiento, del de cada uno de nosotros, y que proyectamos esos pensamientos sobre aquello que vemos creando así nuestra realidad. No todas las personas vemos lo mismo ante los mismos hechos, no todos habitamos el mismo universo mental”. Y uno de los aspectos importantes de sus trabajos de investigación es que demuestran cómo se puede cambiar la manera de pensar. Ambas fundaron en 1977 el Instituto Municipal de Investigación en Psicología Aplicada a la Educación.

      Mi socia, Genoveva Sastre, y yo, acabamos de publicar un estudio en el que llevábamos muchos años investigando.

      ¿De qué se trata?

      De por qué vemos dinosaurios en las nubes.

      Interesante.

      Nuestra teoría, apoyada por múltiples investigaciones, es que las personas construimos modelos organizadores del pensamiento para interpretar el mundo.

      ¿Qué es un modelo organizador?

      Cuando observamos algo, leemos un libro o vemos una película, sentimos y extraemos algunos elementos de lo que llamamos realidad, pero no todos. Estos elementos que seleccionamos los organizamos y le damos un significado.

      ¿Y cada humano tiene su modelo?

      Sí. Imaginemos un caso sencillo: una pareja que está discutiendo. Ante un mismo hecho cada uno ha cogido y organizado unos elementos y ha obviado otros. Cada uno dice: “Esto es así”.

      Pues así no hay quien se ponga de acuerdo.

      Es importante saberlo, porque tenemos la idea de que ante unos mismos hecho todo el mundo ve lo mismo, y no es verdad. No habitamos el mismo universo mental.

      Unos más que otros.

      Tampoco hay que ser ingenuo, tenemos motivos muy personales para elegir unos datos y no otros.

      Entonces, ¿nuestra realidad es una hipótesis?

      Sí, y además para cada cual solo es real aquello en lo que cree. Si tú tienes una convicción, para ti lo real es eso.

      Peligroso.

      Por eso podemos decir que la realidad es una construcción de cada uno. Elegimos solo unos datos de lo que percibimos, lo organizamos, extraemos conclusiones y lo llamamos realidad; y si otro escoge otros datos su realidad es distinta.

      Entendido.

      Es que es muy importante, porque puede dar lugar a peleas, discusiones y guerras. Hay que tener claro que las verdades absolutas no existen. El científico y cibernético Heinz von Foerster, un hombre inteligentísimo, decía que la verdad es la invención de un embustero.

      La realidad también debe ser una hipótesis colectiva.

      Claro, porque nosotros no inventamos el mundo, nos describen cómo es. Lo interesante es que, como hipótesis que es, podemos cambiar la realidad que no nos gusta.

      ¿Cómo hacemos mundo?

      Cada uno de nosotros habita un universo que es el de su representación mental. Si cambiamos nuestra manera de concebir el mundo, de pensar, cambiamos el mundo en el que habitamos. Le pondré un ejemplo sencillo.

      Adelante.

      Una persona con agorafobia vive en un mundo amenazador. Si se cura dejará de vivir en él.

      Por eso dice usted que unos vemos dinosaurios y otros conejos en las nubes.

      Sí. Nosotros proyectamos nuestro pensamiento sobre aquello que vemos, entonces una nube la podemos interpretar como un dinosaurio o como una cara.

      ¿El límite de nuestra realidad es el límite de nuestro pensamiento e imaginación?

      Para cada cual solo es real aquello en lo que cree y solo es posible aquello que es capaz de imaginar. Si no es capaz de imaginarlo no lo cree posible.

      Entonces, vemos lo que sabemos.

      Exactamente.

      Pero a veces no sabemos lo que vemos.

      Cuando vemos algo que no sabemos interpretar, o bien lo rechazamos o lo consideramos algo rarísimo e inexplicable.

      El pensamiento necesita imaginar nuevos paisajes.

      La creatividad no es sacar cosas de la nada sino relacionar modelos organizadores que están en diferentes campos del propio pensamiento.

      ...

      En ciencia pasa lo mismo, hay fenómenos que son muy diferentes y en el momento en que los relacionas surge una nueva idea, por eso es tan importante considerar que todo está relacionado con todo. El mundo es uno.

      ¿Cómo evolucionar en mi pensamiento?

      Cambiando los modelos organizadores, ya que son las estructuras que nos permiten incorporar el mundo exterior.

      ¿Y por dónde empiezo?

      Aprenda a seleccionar del mundo exterior aquellos elementos que son positivos. Una persona con miedo siempre verá lo terrorífico de cualquier situación. Mirarse las cosas con positividad no es negar lo negativo, es pensar que tú puedes hacer algo al respecto.

      ¿Su teoría le lleva a alguna conclusión?

      Que el ser humano es muy plástico, que la educación es fundamental y que no tenemos que aferrarnos a lo que nosotros creemos porque no siempre es lo mejor.

      Debemos estar abiertos.

      Sí, a otros pensamientos. Pese a los condicionantes, somos en gran parte responsables del mundo en el que vivimos. Hay una frase que me gusta mucho de uno de mis maestros, Jean Piaget, que dice que lo importante es lo que cada cual hace con lo que la sociedad y la biología quieren hacer de él.

    • Source:
  • Para cambiar de vida, hay que aprender a confiar en tu futuro yo

    Quizás es redundante iterar que nuestro cerebro prioriza las opciones de recompensa inmediata por encima de las que dan frutos a más largo plazo. Nuestra toma de decisiones está basada en nuestra capacidad única de prever recompensas futuras.

    Jeff Wise nos propone cómo podemos optimizar esas decisiones a través de lo que él denomina, el "algoritmo". Como muestra un botón, aunque os animo a leer con detalle el artículo completo.

    • Mi forma de verlo:

      Quizás es redundante iterar que nuestro cerebro prioriza las opciones de recompensa inmediata por encima de las que dan frutos a más largo plazo. Nuestra toma de decisiones está basada en nuestra capacidad única de prever recompensas futuras.

      Jeff Wise nos propone cómo podemos optimizar esas decisiones a través de lo que él denomina, el "algoritmo". Como muestra un botón, aunque os animo a leer con detalle el artículo completo.

    • Recopilación:

      El cerebro humano no está formado por dos partes en conflicto, sino por un sistema unitario que prioriza las opciones de recompensa inmediata por encima de las que dan frutos a más largo plazo.

      A diferencia de las palomas, los seres humanos tienen la capacidad de prever recompensas futuras, no solamente una, sino series de ellas que se despliegan en el futuro.

      Colectivamente, estos momentos de satisfacción se irán sumando en un proceso que Ainslie denomina “agrupación” (bundling). De la misma manera que un dependiente de una tienda monta una cesta de regalo, la circuitería de recompensa subconsciente del cerebro calcula el valor colectivo de todos los beneficios que se producirán mañana, al día siguiente y al otro, y los agrupa en un paquete.

      Lo hacemos es, esencialmente, proyectarnos mentalmente en el futuro para experimentar hoy la satisfacción de las recompensas de mañana.

      Sorprendentemente, los investigadores han descubierto que las personas que se identifican más profundamente con sus futuros yos son mejores a la hora de autocontrolarse.

      La gente que está absolutamente segura de su conducta futura no tiene que luchar contra su fuerza de voluntad.

      “Agrupar” es fácil porque no cabe ninguna duda de que el flujo de recompensas futuras llegará.

      El deseo está motivado: para vencer a la tentación y conseguir el cambio, es necesario disipar la niebla de la inseguridad y desarrollar la confianza en la conducta futura propia.

      La manera de hacerlo es mediante un proceso que denomino “el algoritmo”. Si lo sigues asiduamente, sustituirás la espiral negativa de la inseguridad autocumplida por una espiral positiva de autoconfianza.

      Funciona así:

      Primer paso: Elige una regla sencilla que te puedas aplicar, tan sencilla y clara que sea imposible fracasar. Segundo paso: Asegúrate de que haces el primer paso. La cuestión no es crear un hábito, sino establecer un patrón de demostración para que tu cerebro lo cumpla. Esta técnica se emplea desde hace muchos años, por ejemplo, en Alcohólicos Anónimos,  cuyo programa de actuación consiste en abordar un problema inmenso fijándose objetivos modestos –asistiendo a reuniones, manteniéndose sobrio “día a día”– y constatando continuamente que se está en el buen camino.

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  • Si los hechos no nos hacen cambiar de opinión, ¿qué la cambia?

    El cerebro humano necesita confirmar lo que entiende como realidad, y por ello tendemos a infravalorar las pruebas que contradicen nuestras creencias o a sobrevalorar aquellas que las confirman. Nuestro cerebro, no puede sostener la incongruencia, así que hará todo lo posible para justificarse.

    El problema radica cuando identificamos nuestras creencias con nuestra identidad. Si es así, cambiar de opinión significa cambiar algo de nuestra identidad, cosa que no podemos asumir. Ozan Varol lo explica maravillosamente, aquí un esbozo de su artículo.

    • Mi forma de verlo:

      El cerebro humano necesita confirmar lo que entiende como realidad, y por ello tendemos a infravalorar las pruebas que contradicen nuestras creencias o a sobrevalorar aquellas que las confirman. Nuestro cerebro, no puede sostener la incongruencia, así que hará todo lo posible para justificarse.

      El problema radica cuando identificamos nuestras creencias con nuestra identidad. Si es así, cambiar de opinión significa cambiar algo de nuestra identidad, cosa que no podemos asumir. Ozan Varol lo explica maravillosamente, aquí un esbozo de su artículo.

    • Recopilación:

      Como resultado de la inclinación del ser humano a la confirmación, tendemos a infravalorar las pruebas que contradicen nuestras creencias o a sobrevalorar las que las confirman. Descartamos las verdades incómodas y los argumentos esgrimidos por la otra parte. Como resultado, nuestras opiniones se van asentando y cada vez nos resulta más difícil alterar los patrones mentales establecidos.

      La clave consiste en engañar a la mente dándole una excusa. Convéncete (a ti o a un amigo) de que tu decisión o creencia previa era la correcta porque se basaba en la información que tenías, pero ahora que los hechos subyacentes han cambiado, también debería hacerlo la mente.

      No somos nuestras creencias, y ahí reside precisamente el problema. Cuando nuestras creencias se confunden con nuestra identidad, cambiar de opinión significa cambiar de identidad. Y eso no es fácil.

      Los seres humanos funcionamos a frecuencias distintas. Cuando alguien no está de acuerdo conmigo, no es porque el otro esté equivocado y yo tenga razón, sino porque él cree en algo en lo que yo no creo.

      Hay que salir de la “cámara de ecos”: tenemos que creer profundamente en nuestras ideas, pero también tenemos que estar dispuestos a cambiar de opinión cuando los hechos se presentan de manera distinta.

      Al fin y al cabo, hace falta valentía y determinación para ver la verdad y no lo que nos conviene, pero vale la pena hacer el esfuerzo.

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Trabajemos Juntos || Let's work together

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