Mi forma de verlo:

Quién más quién menos, todos tenemos cicatrices. Algo se rompió, se acabó, se fué, se desbarató....
El atípico psicólogo Tomás Navarro nos anima a llevarlas con orgullo: “Son signos de nuestra fragilidad, pero también de nuestra fortaleza y belleza: demuestran que fuimos más fuertes que la adversidad." O dicho de otra manera; aquí dolió, aquí sanó.

Y no solo eso.

Esa cicatriz que es el emblema de la herida, no es tan solo una reivindicación de la fuerza, del coraje, de la superación. Es también la reivindicación de la belleza de la herida misma, tal y como encarna la técnica de cerámica Japonesa Kintsugi o Kintsukuroi. Cuando una pieza de cerámica se rompe, los maestros ceramistas la reparan cuidadosamente, rellenando sus grietas con oro defendiendo que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto, y que deben mostrarse en lugar de ocultarse. Deben incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia, resaltando su reconstrucción, pero también la belleza de lo que resurge.

En esta entrevista a Tomás navarro te lo explican maravillosamente, a parte de muchas otras cosas.

Si el vídeo te chirría, tienes la transcripción de la misma aquí.

Recopilación:

Fuente:
 
 
 
 

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